Las conductas disruptivas, como la ira extrema, agresividad, desorden y frustración, son acciones perturbadoras que atentan contra la armonía de un grupo; ya sea, un salón de clases, una comunidad o la sociedad en general. Tales respuestas afectan la disciplina en el aula y dificultan tanto la enseñanza impartida por el maestro, como el aprendizaje por parte de los alumnos.
El desafío a la autoridad es una parte normal del desarrollo del ser humano, en algún momento, todos necesitamos saber qué somos capaces de hacer y hasta dónde podemos llegar. Esto suele suceder durante la infancia y, principalmente, en la adolescencia; sin embargo, en ocasiones, tales actos ocultan un patrón alterado del comportamiento.
Así, cuando se acompañan de un proceder antisocial, diferente de los valores aceptados, se les denomina conductas disruptivas. Las mismas son percibidas como comportamientos hostiles y de provocación, que promueven el desorden y la interrupción de la rutina. En consecuencia, la vida cotidiana de quienes presentan el problema y de todos los que se encuentran a su alrededor, se ve negativamente impactada.
Conductas disruptivas en el aula
Las manifestaciones agresivas o reprimidas en el salón de clase, generan por un lado el rechazo de los niños hacia el compañero que es indisciplinado y alborotador o tenso y apocado. Por otro lado, promueven el desorden y la mala conducta del grupo. Algunos ejemplos de tales comportamientos son:
- Desafiar abiertamente a la autoridad del maestro.
- Comenzar peleas sin razón.
- Fastidiar intencionalmente a los demás niños.
- Desobedecer las instrucciones recibidas.
- Interrumpir la lección dictada por el maestro.
- Olvidar o dejar adrede el material escolar en casa.
- Desordenar mesas o pupitres y el resto del mobiliario.
- Aislarse del grupo y no participar en las actividades de recreación.
- Llorar con frecuencia, sin que haya sucedido nada que lo justifique.
¿Qué puede hacer el maestro frente a un niño que es agresivo y desobediente o triste y frustrado? Lo primero es que no debe rechazarlo o maltratarlo, porque de seguro hay una razón para tales conductas; y, aunque no esté en sus manos solucionarlo, él puede ser el promotor de un análisis de la situación que permita buscar ayuda psicológica especializada y cambiarla para bien.
Causas más comunes del comportamiento inadecuado de los niños
Aunque suele ser cierto que los padres solo desean lo mejor para sus hijos, también lo es que, en muchas ocasiones, no saben como manejar la crianza. Así, encontramos adultos autoritarios que irrespetan la individualidad y personalidad de sus pequeños; y, en contraste, están aquellos que son excesivamente permisivos y no los disciplinan. Ambos extremos son perjudiciales y afectan el desarrollo psicológico de esas mentes que todavía son frágiles y se encuentran en proceso de formación.
Además, los maestros no deben ignorar que hay niños que en sus hogares son expuestos a la violencia de una u otra forma, que provienen de una familia en la que puede haber antecedentes de trastornos mentales o en la que se consumen drogas. Otros sufren de abusos de distinta naturaleza o de negligencia en el cuidado, por parte de los padres. Y todos estos son factores determinantes que pueden manifestarse como una conducta disruptiva.
¿Qué puede hacer el maestro ante un niño hostil o frustrado? Promover sentimientos de fraternidad y seguridad en el grupo. No tomar el mal comportamiento como un acto de agresión personal. Controlar sus propias emociones. Ganarse la confianza de todos sus alumnos y, en especial, de los que manifiestan conductas inapropiadas. Colocarles en manos del psicólogo de la escuela o promover la búsqueda de ayuda psicoterapéutica acreditada por parte de los padres.
