Los bebés se comunican con sus padres sin usar palabras y para ello se valen, principalmente, del llanto y la sonrisa. Luego, cuando comienzan a hablar, muchas veces usan expresiones propias que solo los muy cercanos al niño pueden comprender. ¿Cómo distinguir si el desarrollo verbal de tu hijo es normal o necesita de asistencia especializada? En este post te lo diremos.
No todos los niños aprenden a hablar a la misma edad, algunos son precoces y otros comienzan con más lentitud, para entonces no detenerse nunca. Pero, en general, al llegar a su cumpleaños No 1, la mayoría puede descubrir el origen de un sonido, reaccionar a su nombre, mirar hacia un objeto señalado que él conoce, decir no, pa-pa y a veces hasta ma-ma, etc.
Entre el primer y segundo año, es común que el niño pueda obedecer órdenes sencillas como buscar un juguete u otro objeto cuando se le indica. También puede señalar ciertas partes del cuerpo al ser mencionadas o llamar la atención de las personas que los cuidan sobre algo de su interés, tratando de decir su nombre. Asimismo, muchos infantes señalan muebles, adornos, muñecas, etc., para que papá o mamá los identifiquen.
¿Qué esperar de un niño de dos años de edad?
Al final de su segundo año de vida, los niños suelen estar en capacidad de:
- Señalar y nombrar muchas áreas de su cuerpo, imágenes en libros y objetos de uso común.
- Obedecer instrucciones sencillas como “coloca la muñeca sobre la cama”.
- Pronunciar alrededor de 50 o más palabras.
- Decir frases de dos o más palabras; como dame mi tetero, tengo hambre, vamos a salir, etc.
- Hacerse entender por adultos la mayoría de las veces.
Si el desarrollo cognitivo de tu hijo da muestras de retrasarse o manifiesta, entre otras, cualquiera de las señales de la siguiente lista (relacionadas o no con el habla), háblalo con su pediatra o un especialista en trastornos del lenguaje, llamado logopeda. Además, busca ayuda si el pequeño da signos de retroceder en la comunicación verbal o en otras habilidades.
- No permite ser acunado o mecido en brazos
- Permanece serio cuando le hablas con ternura o le muestras tu mejor sonrisa.
- Pareciera que no detecta que estás cerca.
- Ignora voluntariamente ciertos sonidos. Por ejemplo, reacciona al maullido de un gato; pero, no cuando dices su nombre.
- Se comporta como si viviera en su propio universo.
- “Hace el hielo” a otros niños y prefiere jugar en solitario.
- Conoce el abecedario, los números y la letra de las canciones publicitarias, pero no es capaz de pedir los objetos que desea.
- Tiene una elevada tolerancia al dolor o no siente temor ante nada.
¿Qué puede hacer el pediatra?
Al consultar el caso de tu hijo ante el pediatra, este podría hacerte preguntas específicas. Además, podría tratar de establecer distintos tipos de interacciones con el niño, para documentar mejor el escenario. Dado que muchos de tales situaciones responden a problemas de audición, también podría solicitar una prueba de dicha naturaleza y una evaluación realizada por un terapeuta del lenguaje.
Si lo crees necesario, además podrás buscar la ayuda de un especialista en el desarrollo o de un centro de estimulación temprana para niños. Si el único retraso corresponde al lenguaje expresivo (no habla), es posible que le indiquen como puede ayudarlo en casa; pero, si hay problemas también en la recepción (no entiende lo que escucha) y el test auditivo es normal, tendrán que hacerle más estudios para determinar si se trata de un caso de autismo.
